Me había prometido a mí misma no caer en los tópicos de siempre de Feliz Año Nuevo y todo eso, pero ¡qué carajo!, con perdón, os deseo todo lo mejor: salud, trabajo, amor, felicidad y muchas dosis de ilusión para afrontarlo, que se necesitarán.
Sin duda nos espera un año duro, cargado desde su comienzo de malas noticias: de una crisis económica que se acentúa y afecta, cada vez más, a los trabajadores/as, a las empresas, etc.; de una crisis en Oriente Próximo con una intervención desmedida e injustificable por sus consecuencias y que atenaza nuestros corazones; el uso como arma política del suministro de Gas a Ucrania por parte de Rusia que está afectando a más países europeos; y un etcétera que podría seguir enumerando. No obstante, también hay razones para el optimismo, y el próximo 20 de enero, tomará posesión un nuevo Presidente en Estados Unidos: Barack Obama. Hace un año nadie lo creía firmemente, los muchos voceros que ahora miran hacia él. Y es cierto, tenemos grandes esperanzas en que imprima un nuevo estilo, que acabe la nefasta era de Bush y que sin duda, lo hará, tal y como demuestran sus intervenciones públicas en materia económica, poniendo el acento en cubrir las necesidades sociales, ampliar la cobertura en salud y educación, generar empleo, y la lucha contra el Cambio Climático, con la puesta en marcha de un plan de inversión en energías renovables. También, estoy segura, reforzará la política internacional, estableciendo como método el diálogo, escuchando las razones del otro y no creyendo que es uno mismo el poseedor de la verdad.
Leyendo la biografía de Barack Obama en El País, él mismo recordaba que esos principios se los enseñó su madre, sirviéndole, siempre, de guía. Por ello, confío en que, al igual que los ciudadanos americanos han votado por el “aire fresco”, por el cambio, en junio de 2009, los ciudadanos europeos inundemos las urnas de votos progresistas que cambien la mayoría conservadora del Parlamento. Y que el nuevo Parlamento sepa afrontar un proyecto europeo basado en la unidad, la solidaridad, la paz, la seguridad, la justicia y la libertad para todos y todas.
Que los valores de la “vieja Europa” vuelvan a florecer y todos/as los/as demócratas del mundo caminen en el marco de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
¡Buen año, salud y adelante!
Dolores García-Hierro Caraballo
